viernes, 8 de junio de 2012

Respuesta de la poetisa a la muy ilustre sor Filotea de la Cruz (extracto)


"Pues, ¿qué os pudiera contar, señora, de los secretos naturales que he descubierto estando guisando? Ver que un huevo se une y se fríe en la manteca o aceite y por el contrario se despedaza en el almíbar: ver que para que el azúcar se conserve fluida basta echarle una muy mínima parte de agua en que haya estado membrillo u otra fruta agria: ver que la yema y clara de un mismo huevo son tan contrarias, que en los unos que sirven para el azúcar, sirve cada una de por sí, y juntas no. Pero no debo cansaros con tales frialdades, que sólo refiero por daros entera noticia de mi natural y creo que os causará risa; pero, señora, ¿qué podemos saber las mujeres, sino filosofías de cocina? Bien dijo Lupercio Leonardo: Que bien se puede filosofar y aderezar la cena. Y yo suelo decir, viendo estas costillas: Si Aristóteles hubiera guisado, mucho más hubiera escrito. Y prosiguiendo en mi modo de cogitaciones, digo que esto es tan continuo en mí que no necesito de libros: y en una ocasión que por un grave accidente de estómago me prohibieron los médicos el estudio, pasé así algunos días; y luego les propuse que era menos dañoso el concedérmelo, porque eran tan fuertes y vehementes mis cogitaciones, que consumían más espíritus en un cuarto de hora que el estudio de los libros en cuatro días; y así, se redujeron a concederme que leyese; y más, señora mía, que ni aun el sueño se libró de este continuo movimiento de mi imaginativa; antes suele obrar en él más libre y desembarazada, confiriendo con mayor claridad y sosiego las especies que ha conservado del día; arguyendo, haciendo versos, de que os pudiera hacer un catálogo muy grande y de algunas razones y delgadezas, que he alcanzado dormida mejor que despierta; y las dejo -135- por no cansaros, pues basta lo dicho para que vuestra discreción y trascendencia penetre, y se entere perfectamente en todo mi natural y del principio, medios y estado de mis estudios."

Sor Juana Inés de la Cruz en Respuesta de la poetisa a la muy ilustre sor Filotea de la Cruz.
Extraído de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, consultado el 8 de junio de 2012 : http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/obras-escogidas--0/html/c7822235-3f49-4a31-9ea3-485840a7c278_5.html#I_112_

sábado, 14 de abril de 2012

Exemplo IIº


(Fragmento de "El Conde Lucanor" de don Juan Manuel)

Exemplo IIº

De lo que contesçió a un omne bueno con su fijo


[…]El omne bueno et su fijo eran labradores et moravan çerca de una villa. Et

un día que fazían ý mercado, dixo a su fijo que fuesen amos allá para comprar algunas cosas que avían mester; et acordaron de levar una vestia en

que lo traxiesen. Et yendo amos a mercado, levavan la vestia sin ninguna

carga et ivan amos de pie et encontraron unos omnes que vinían daquella

villa do ellos ivan. Et de que fablaron en uno et se partieron los unos de los

otros, aquellos omnes que encontraron conmençaron a departir ellos entre

sí et dizían que non les paresçían de buen recabdo aquel omne et su fijo,

pues levavan la vestia descargada et ir entre amos de pie. El omne bueno,

después que aquello oyó, preguntó a su fijo que quel’ paresçía daquello que

dizían. Et el fijo dixo que le parescía que dizían verdat, que pues la vestía

iba descargada, que non era buen seso ir entre amos de pie. Et entonçe

mandó el omne bueno a su fijo que subiese en la vestia.

Et yendo así por el camino, fallaron otros omnes, et de que se partieron

dellos, conmençaron a dezir que lo errara mucho aquel omne bueno, porque

iva él de pie, que era viejo et cansado, et el moço, que podría sofrir lazeria,

iva en la vestia. Preguntó entonçe el omne bueno a su fijo que quel’

paresçía de lo que aquellos dizían; et él díxol’ quel’ paresçía que dizían

razón. Entonçes mandó a su fijo que diciese de la vestia et subió él en ella.

Et a poca pieça toparon con otros, et dixieron que fazía muy desaguisado

dexar el moço, que era tierno et non podría sofrir lazeria, ir de pie, et ir el

omne bueno, que era usado de pararse a las lazerias, en la vestia. Estonçe

preguntó el omne bueno a su fijo que quél’ paresçié desto que estos dizían.

Et el moço díxol’ que, segund él cuidava, quel’ dizían verdat. Estonce

mandó el omne bueno a su fijo que subiese en la vestia porque non fuese

ninguno dellos de pie.

Et yendo así, encontraron otros omnes et començaron a dezir que aquella

vestia en que ivan era tan flaca que abés podría andar bien por el camino, et

pues así era, que fazían muy grant yerro ir entramos en la vestia. Et el omne

bueno preguntó al su fijo que quél’ semejava daquello que aquellos omnes

buenos dizían; et el moço dixo a su padre quel’ semejava verdat aquello.

Estonçe el padre respondió a su fijo en esta manera:

-Fijo, bien sabes que cuando saliemos de nuestra casa, que amos veníamos

de pie et traíamos la vestia sin carga ninguna, et tú dizías que te semejava

que era bien. Et después, fallamos omnes en el camino que nos dixieron

que non era bien, et mandéte yo sobir en la vestia et finqué de pie; et tú

dixiste que era bien. Et después fallamos otros omnes que dixieron que

aquello non era bien, et por ende desçendiste tú et subí yo en la vestia, et tú

dixiste que era aquello lo mejor. Et porque los otros que fallamos dixieron

que non era bien, mandéte subir en la vestia conmigo; et tú dixiste que era

mejor que non fincar tú de pie et ir yo en la vestia. Et agora, estos que fallamos dizen que fazemos yerro en ir entre amos en la vestia; et tú tienes

que dizen verdat. Et pues que assí es, ruégote que me digas qué es lo que

podemos fazer en que las gentes non puedan travar; ca ya fuemos entramos

de pie, et dixieron que non fazíamos bien; et fu yo de pie et tú en la vestia,

et dixieron que errávamos; et fu yo en la vestia et tú de pie, et dixieron que

era yerro; et agora imos amos en la vestia, et dizen que fazemos mal. Pues

en ninguna guisa non puede ser que alguna destas cosas non fagamos, et ya

todas las fiziemos, et todos dizen que son yerro; et esto fiz yo porque tomasses exiemplo de las cosas que te acaesçiessen en tu fazienda; ca çierto

sey que nunca farás cosa de que todos digan bien: ca si fuere buena la cosa,

los malos et aquellos que se les non sigue pro de aquella cosa, dirán mal

della; et si fuere la cosa mala, los buenos, que se pagan del bien, non podrían decir que es bien el mal que tú feziste. Et por ende, si tú quieres fazer

lo mejor et más a tu pro, cata que fagas lo mejor et lo que entendieres que

te cumple más, et sol que non sea mal, non dexes de lo fazer por reçelo de

dicho de las gentes; ca çierto es que las gentes a lo demás siempre fablan en

las cosas a su voluntad, et non catan lo que es más a su pro.

-Et vós, conde Lucanor, señor, en esto que me dezides que queredes fazer

et que reçelades que vos travarán las gentes en ello, et si non lo fazedes,

que esso mismo farán, pues me mandades que vos conseje en ello, el mi

consejo es éste: que ante que començedes el fecho, que cuidedes toda la pro

o el dapño que se vos puede ende seguir, et que non vos fiedes en vuestro

seso et que vos guardedes que vos non engañe la voluntad, et que vos consejedes con los que entendiéredes que son de buen entendimiento et leales

et de buena poridat. Et si tal consejero non falláredes, guardat que vos non

arrebatedes a lo que oviéredes a fazer, a lo menos fasta que passe un día et

una noche, si fuere cosa que se non pierda por tiempo. Et de que estas cosas

guardáredes en lo que oviéredes de fazer, et lo falláredes que es bien et

vuestra pro, conséjovos yo que nunca lo dexedes de fazer por reçelo de lo

que las gentes podrían dello dezir.

El conde tovo por buen consejo lo que Patronio le consejava. El fízolo assí,

et fallóse ende bien.

Et cuando don Johan falló este exiemplo, mandólo escrivir en este libro, et

fizo estos viessos en que está avreviadamente toda la sentençia deste exiemplo. Et los viessos dizen así:

Por dicho de las gentes,

sol que non sea mal,

domingo, 16 de octubre de 2011

La mañana


Las abejas

Sin cesar gotea
miel el colmenar;
cada gota es una abeja...

El saúz

Tierno saúz
casi oro, casi ámbar,
casi luz...

El bambú

Cohete de larga vara
el bambú apenas sube se doblega
en lluvia de menudas esmeraldas.

Tablada, Juan José. El jarro de flores y otros textos. México: UV, Colección “Biblioteca del universitario”, 2007.


Atracción


El muchacho sintió un vuelco en el corazón al descubrirla en el jardín. Se le acercó nervioso, cuando la luz del poniente se extinguía. Al escuchar la voz de la joven tararear una tonada inédita, las palpitaciones en el pecho se acentuaron. Una sombra inesperada en los ojos no le impidió decirle "me gustas", y su vista se nubló para siempre. Su madre se lo había profetizado: "El amor te hace ciego, Edipo".

Sánchez Clelo, Fernando. “Atracción” en Jauría. México: Ficción Breve, Universidad Veracruzana, 2007.

jueves, 6 de octubre de 2011

Inicio


"¿Cómo fijar el momento exacto en que empieza una historia? Todo ha empezado siempre ya antes..."

Calvino, Italo. "Si una noche de invierno un viajero" (Fragmento)

¿Qué importa el nombre del autor en la portada?


"Qué importa el nombre del autor en la portada? Trasladémonos con el pensamiento a tres mil años de aquí. Quién sabe qué libros se habrán salvado de nuestra época, y de quién sabe qué autores se recordará aún el nombre. Habrá libros famosos que seguirán siendo famosos, pero que serán considerados obras anónimas, como para nosotros la epopeya de Gilgamesh; habrá autores cuyo nombre será siempre famoso, pero de los que no quedará ninguna obra, como sucedió con Sócrates; o quizá todos los libros supervivientes se atribuirán a un único autor misterioso, como Homero."

Calvino, Ítalo. "Si una noche de invierno un viajero" (Fragmento).

Mares


Estrechos son los bajales


I. …Estrechos son los bajeles, estrecho nuestro lecho.

Inmensa la extensión de las aguas, más vasto nuestro imperio

En las cerradas estancias del deseo.


Entra el Verano, que viene de mar. A la mar sola diremos

Que extranjeros fuimos en las fiestas de la ciudad,

y qué astro ascendiente de las fiestas submarinas

Vino una noche a husmear en nuestro lecho, el lecho de lo divino.


En vano la tierra próxima nos traza su frontera.

Una misma ola por el mundo, una misma ola desde Troya

Menea su cadera hasta nosotros. En la alta mar

muy lejos de nosotros se imprimió antaño ese soplo...

Y el rumor una noche fue grande en las estancias:

¡la muerte misma, a son de caracolas, no se haría oír en ellas!


¡Amad, oh parejas, los bajeles; y la mar alta en las estancias!

La tierra una noche lleva sus dioses, y el hombre da caza a las bestias leonadas;

las ciudades se desgastan, las mujeres sueñan. ..Que haya siempre a nuestra puerta

Esa alba inmensa llamada mar -selección de alas y levantamiento de armas;

amor y mar del mismo lecho, amor y mar en el mismo lecho -

y este diálogo aún en las cámaras.

Saint-John Perse